martes, 5 de enero de 2010

De cínica a humanista: Periodista en proceso

Aveces embarcamos en un viaje sin saber que el destino nos aguarda. Claro está, cuando elegimos una profesión está debe ser más que una vocación sino algo que nace dentro de uno. Es, eso que nos mueve hasta el tuétano y que cuando no lo hacemos nos sentimos incompletos e insatisfechos. Recientemente pensé que había perdido la brújula, me encontraba sola y sin rumbo. Pasaban días en el que me cuestionaba: ¿Por qué elegiste ser periodista? Fue entonces cuando en mis manos cayó un libro -gracias a un bono de una clase- que me permitió recobrar los sentidos innatos que hay dentro de mi: cuestionar, desconfiar e indagar todo, absolutamente todo lo que está a mi alrededor. No se si sea una casualidad, pero de lo que estoy segura es que fue en la palabra y en el lenguaje donde recobre conciencia de mis decisiones. Entonces me compuse y me sentí viva nuevamente. Ahora, miro a mi alrededor, tiro el compás y regreso a la movilidad, a la libertad y al sentimiento, lugar donde se hayan los antídotos de todo trotamundo de la palabra.

Fue en la introducción y en el primer texto basado en un encuentro entre el periodista polco, Ryszard Kapuscnki y la escritora María Nadotti del libro los Cínicos no sirven para este oficio, donde encontré una breve síntesis que me propició un sentido de responsabilidad y hasta orgullo el haber decidido ser periodista. Entre palabras, puntos, comas y expresiones recogidas por parte de una gran escritora aprendí elementos que no son dictados en las aulas universitarias, pero que son esenciales que todo futuro periodista conozca. Cultivaré para mi beneficio un periodismo más profundo y conciente, mucho antes de que logré entrar en la sala de redacción de cualquier diario del País.

El libro entre líneas enseña que la profesión requiere de surrealistas que encuentren la magia cotidiana para de esta manera presentar al igual que el movimiento artístico la verdadera historia que se encuentra en la calle. Por otro lado, el periodista debe ser arquitecto y obrero de la palabra, ya que debe emplearla correctamente, limpia, sin adjetivos ni cursilerías pero debe ser lo suficiente profunda, crítica y literaria como para provocar sentimientos en los lectores y que estos se identifiquen con un evento o una persona lejos de su realidad. El periodista a su vez, debe ser psíquico ya que requiere de un sexto sentido que le permitan ver lo que nos depara el futuro.

Igualmente, la movilidad de una profesión que algunos declaran en peligro de extinción, requiere de personas capaces de guiar y movilizar las sociedades a un mejor entendimiento y una mayor democracia, cunado se es empelada la profesión de manera correcta. El periodismo en esencia es anti-burocrático, es humilde ya que no es el nombre lo hace la diferencia sino el escrito. Pues, según el periodista polaco se deben “renunciar a los discutibles y narcisistas beneficios de la hipersensibilidad”. El redactor debe desaparecer entre la gente, debe ser tomado como parte de un lugar, debe observar, oír y afinar todos sus sentidos. La profesión requiere de trotamundos capaces de sentir lo que otros experimentan y mezclarse entre toda clase de personas. De este modo, se da paso a lo que Kapuscinski llama “un tejido de voces”. Pero sobre todo, aprendí que un buen periodista debe nutrirse del arte, de la vida y debe poseer una pasión genuina por sus semejantes. Esto lo ayudará a comprender que “dentro de cada gota hay un universo entero”.

Sólo el tiempo me enseñará si es cierto o no, pues apenas comienza mi carrera. De lo que no me queda la menor duda es que si todos en la sociedad fuéramos capaces de identificarnos con el otro como el yo, labor esencial en el periodismo, todos seríamos más humanos y la sociedad sería una mejor. Después de todo, no me equivoqué de profesión, sino más bien descubrí que puedo ser todo lo que quiera a través de la palabra y del lenguaje. No existen límites en la sensación y en los sentimientos, elementos esenciales de toda vida humana y de todo buen periodismo. El periodista polaco no es solo una gran inspiración, sino es un gran hombre que lejos que criticar a los jóvenes se nutre de ellos y hace de su vida un sistema democrático y no autoritario pues, al identificarse en los demás logra conocer y detalles que de otra manera se obviarían.